Cuidado de la creación: un mandato bíblico - United Bible Societies

mayo 12, 2026

Introducción

Esta es una declaración conjunta de Unión Bíblica Internacional, Sociedades Bíblicas Unidas y la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera, realizada en forma conjunta y facilitada por A Rocha Internacional.

Compartimos un mismo sentir por la Biblia y por cómo las Escrituras cristianas proclaman la bondad de la creación de Dios y el rol único que se le ha dado a la humanidad para custodiarla. Reconocemos la necesidad de lamentar y arrepentirnos por el estado actual de la creación y por cualquier papel que hayamos desempeñado, por grande o pequeño que sea, en el fracaso de la humanidad a la hora de servir y proteger todo lo que se nos ha confiado.

Es nuestra esperanza y nuestra oración que esta breve declaración sirva para que los movimientos de la Unión Bíblica, en su servicio especialmente a los niños y jóvenes, y a las Sociedades Bíblicas, puedan desempeñar su papel ayudando a la Iglesia a cuidar y proteger nuestro hogar común, la bondadosa creación de Dios.

Reconocemos que se ha trabajado mucho en torno a los fundamentos bíblicos del cuidado de la creación y animamos a otros a leer estas declaraciones complementarias, más extensas, junto con la presente:

  • Red de Cuidado de la Creación de Lausana / Alianza Evangélica Mundial (LWCCN): Buenas noticias para toda la Tierra: La invitación coreana a responder al Evangelio: Good News for All the Earth: The Korean Invitation to Respond to the Gospel
  • Familia A Rocha Mundial: El compromiso de A Rocha con el cuidado de la creación: A Rocha Commitment to Creation Care
  • Iglesia Católica Romana: Carta encíclica Laudato Si’ del Santo Padre Francisco sobre el cuidado de nuestra casa común: Encyclical Letter Laudato Si’ of the Holy Father Francis On Care for our Common Home

Texto general: Colosenses 1:15-20

El Hijo es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda la creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, tanto las que hay en los cielos como las que hay en la tierra, las visibles y las invisibles, sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Él es anterior a todas las cosas, y en él todas las cosas se mantienen unidas. Y él es la cabeza del cuerpo, que es la Iglesia; él es el principio y el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la supremacía. Porque Dios quiso que toda su plenitud habitara en él, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, tanto las que están en la tierra como las que están en el cielo, haciendo la paz mediante la sangre derramada en la cruz.

 

1. Dios y la creación

Texto clave: Génesis 1:1

Otros textos: Génesis 1:31; Salmos 24; Colosenses 1

Antes de que nada fuera creado, Dios —Padre, Hijo y Espíritu Santo— existía en una relación perfecta y amorosa. Dios eligió libremente crear y, con su palabra, dio origen al mundo (Génesis 1:1). Cuando Dios vio todo lo que había hecho, declaró que era «muy bueno» (Génesis 1:31).

Toda la creación pertenece a Dios (Salmo 24:1). Él se deleita en ella, y nosotros también deberíamos hacerlo. Deleitarnos en la creación significa regocijarnos en su belleza y diversidad, y asumir la responsabilidad de cuidar el mundo que Dios ha puesto en nuestras manos.

 

2. La humanidad y la creación

Texto clave: Génesis 1:26

Otros textos: Génesis 1:26-27; Génesis 2:7-15; Salmo 8

Los seres humanos formamos parte de la creación. Estamos hechos del polvo de la tierra, pero creados a imagen y semejanza de Dios. El ha dado a la humanidad un papel único dentro de la creación: ejercer dominio o gobierno sobre ella.

En el Antiguo Testamento, a los reyes se les solía llamar pastores de su pueblo. Esta imagen nos ayuda a comprender nuestra responsabilidad. No se trata de dominar ni explotar, sino de servir. Nuestra vocación dada por Dios es ser siervos-administradores que aman y cuidan el mundo de Dios, lo nutren y protegen, para ayudarlo a florecer.

 

3. El pecado y la creación

Texto clave: Romanos 8:20-22

Otros textos: Génesis 3:17-21; Romanos 3:23

Los seres humanos hemos fallado en la responsabilidad que Dios nos confió (Romanos 3:23). Lamentamos no haber sabido relacionarnos con justicia ni cuidar con amor la creación que Dios nos ha confiado. A causa del pecado, la creación ha sido «sometida a la futilidad» (Romanos 8:20). No hay ninguna parte de la creación que no se haya visto afectada por los efectos de la rebelión humana contra Dios.

Toda la creación sufre y anhela la sanación. Esto revela la necesidad de un Salvador que redima no solo a las personas, sino a todo el orden creado.

Las decisiones egoístas y los comportamientos pecaminosos de la humanidad dañan la creación de Dios. Este daño nos impulsa a arrepentirnos y lamentarnos por nuestra contribución, grande o pequeña, al estado actual de la creación de Dios, y asumimos un nuevo compromiso de servirla y protegerla.

 

4. El pacto y la creación

Texto clave: Génesis 9:1-17

Otros textos: Éxodo 23:10-12; Jeremías 29:4-7

Dios no abandona su creación. En la historia del diluvio, Dios salva no solo a Noé y a su familia, sino también a los animales. Luego hace un pacto con todos los seres vivos, prometiendo que nunca más destruirá la tierra con un diluvio (Génesis 9:11-17).

La relación de Dios con su pueblo está estrechamente ligada a la tierra. Sus leyes guían cada aspecto de la vida, incluido el cuidado del resto de la creación. Las leyes del sábado exigen que la tierra y los animales descansen (Éxodo 23:10-12). Incluso cuando el pueblo de Dios es exiliado por su desobediencia, se le dice que se establezca, plante jardines y busque la paz y la prosperidad de la ciudad donde vive (Jeremías 29:4-7).

A través de los pactos y las leyes de Dios, su pueblo estaba llamado a ser luz para las naciones (Isaías 49:6), no solo por su relación con Dios y con sus vecinos, sino también por el trato que daban a los animales y a la tierra que tenían a su cuidado.

Los profetas del Antiguo Testamento clamaban por justicia (Isaías 61:8; Amós 5:24) y esperaban con ansias el momento en que Dios viniera a juzgar, salvar y reconciliar todas las cosas, sanando las relaciones con Dios, entre los vecinos y con toda la creación (Oseas 2:16–23).

 

5. Cristo y la Creación

Texto clave: Juan 1:1-14

Otros textos: Juan 3:16; Salmo 24; Romanos 8:19, 21; Filipenses 2

El Evangelio de Juan comienza mostrando a Jesús como el Verbo eterno a través del cual todas las cosas fueron hechas. El Creador se convierte en parte de la creación al hacerse carne. Jesús vivió en el mundo que él mismo creó, y en sus enseñanzas y milagros vemos su profunda conexión con la creación y su autoridad sobre ella (Marcos 4: 35-41; Juan 2: 1-12; Mateo 6: 26-30; Lucas 8: 4-15).

Jesús vino como un rey siervo. Nos mostró cómo es el verdadero dominio: cuidado, protección y amor abnegado, hasta el punto de entregar su vida. Su muerte y resurrección no solo se ocuparon del pecado humano; también dieron inicio a la obra de Dios de reconciliar «todas las cosas» consigo mismo (Colosenses 1:19, 20). La resurrección física y la ascensión corporal de Jesús son señales de la nueva creación de Dios irrumpiendo en el mundo.

Jesús es el Señor sobre todas las cosas, y la buena noticia de su reino venidero nos habla y nos llama a la restauración de toda la creación.

 

6. Esperanza Futura para la Creación

Texto clave: Apocalipsis 21:5

Textos: Romanos 8:21; 2 Pedro 3; Apocalipsis 21-22; 1 Corintios 15; Isaías 65:17-25

La resurrección física de Jesús es el «primero fruto» y la garantía del futuro que Dios ha prometido (1 Corintios 15). Cristo volverá para renovar todas las cosas (Apocalipsis 21:5), para acabar definitivamente con el mal y la muerte y para traer la plenitud de su reino a la tierra. La Biblia comienza en un jardín y termina con una Ciudad Jardín: la creación restaurada, plena y en paz.

Las Escrituras hablan tanto de juicio como de esperanza. Existe continuidad y discontinuidad entre este mundo y el mundo venidero (2 Pedro 3, Malaquías 3:2-4). La obra final de renovación de Dios encaja con su carácter como Creador que ama al mundo y con las visiones del Antiguo Testamento de paz después del juicio (Isaías 65:17-25).

Afirmamos que la creación será liberada de su esclavitud a la decadencia y participará de la libertad de los hijos de Dios (Romanos 8:21). Nuestra esperanza segura en Cristo es que todas las cosas serán renovadas (Apocalipsis 21:5).

 

7. El Llamado de la Iglesia a la Creación

Texto clave: Marcos 12:30-31

Textos: Romanos 8:19; 1 Corintios 3:10-15; Mateo 28:19-20; 1 Corintios 12

Cristo resucitado es el Señor de toda la creación y la cabeza de su cuerpo, la Iglesia. El Espíritu de Dios, presente y actuando en la creación, ha sido enviado para dar fuerza a la Iglesia como cuerpo de Cristo en el mundo (Efesios 1:22). La creación espera la revelación de los hijos de Dios (Romanos 8:19). Esto significa que la Iglesia está llamada a actuar como las manos y los pies de Cristo en el mundo.

Como portadores de la imagen de Dios, Él nos envía con el poder del Espíritu para encarnar y dar testimonio del reino venidero de justicia, paz y relaciones restauradas. A los niños, a los jóvenes y a los adultos se les promete este mismo Espíritu y se les confiere el mismo llamado a cuidar del mundo. Jesús resumió la Ley y los Profetas en sus mandamientos de amar a Dios y al prójimo (Marcos 12:30,31). Como discípulos de Jesús y miembros del cuerpo de Cristo, cuidamos y protegemos la creación porque pertenece a Dios, quien la hizo y la ama. Como nuestro hogar común, la creación sustenta la vida de todos nuestros prójimos; por lo tanto, el cuidado y la protección de la creación son intrínsecos a nuestro amor al prójimo, tanto cercano como lejano.

Se nos ha confiado un ministerio de reconciliación (2 Corintios 5:18), basado en la obra de Cristo de reconciliar todas las cosas con Dios (Colosenses 1:20). Al vivir esto como iglesia, damos testimonio de la esperanza de la nueva creación de Dios y esperamos con ansias el regreso de Jesús y el día en que todas las cosas serán renovadas (Apocalipsis 21:5).